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La versión libre en el proceso disciplinario colombiano: ¿garantía de defensa o mecanismo de autoincriminación inducida?

Por Jhon Fernando Robledo Vargas
Robledo Vargas Abogados


Introducción: cuando una garantía de defensa puede convertirse en una trampa procesal

En el derecho disciplinario colombiano existe una institución que, en principio, representa una de las manifestaciones más importantes del derecho de defensa: la versión libre del investigado.

La legislación reconoce expresamente el derecho del disciplinado a ser oído en versión libre. El artículo 112 de la Ley 1952 de 2019 establece que el disciplinado puede ser oído en versión libre en cualquier etapa de la actuación y hasta antes del traslado para alegar previamente al fallo.

En el régimen disciplinario de los abogados, la Ley 1123 de 2007 contiene igualmente una concepción de la versión libre como espacio de defensa. La propia Comisión Nacional de Disciplina Judicial ha señalado que los escenarios de autodefensa son amplios y acompañan al disciplinado desde su vinculación mediante la versión libre y espontánea.

Pero aquí aparece un problema que merece mucha mayor atención:

¿Qué ocurre cuando el instrumento diseñado para garantizar la defensa es utilizado estratégicamente por la autoridad disciplinaria para obtener información que el investigado no estaría obligado a suministrar y que posteriormente puede ser utilizada para construir o reforzar la imputación?

Esta pregunta obliga a mirar la versión libre no solamente desde su definición legal, sino desde la dinámica real de una investigación disciplinaria.

Y es precisamente allí donde aparece lo que podemos denominar, como categoría de análisis, la instrumentalización estratégica de la versión libre.

No se trata de afirmar que todos los despachos actúen de esa manera. Se trata de identificar una posibilidad procesal que puede presentarse cuando la autoridad transforma progresivamente una diligencia de defensa en una fuente de información para completar, corregir, precisar o incluso reconstruir la hipótesis disciplinaria.


1. La primera regla: la versión libre pertenece al investigado, no al investigador

Este punto parece elemental, pero tiene enormes consecuencias.

La versión libre no fue concebida para que el Estado obtenga del investigado aquello que todavía no ha podido demostrar.

Fue concebida para que el investigado pueda defenderse.

El Consejo de Estado ha sostenido que la versión libre constituye un instrumento de defensa del servidor público, que no es obligatoria y que se rinde libremente, sin apremio de juramento. En esa línea, ha distinguido la versión libre del testimonio precisamente por su naturaleza defensiva.

La Comisión Nacional de Disciplina Judicial también ha reconocido que, en el régimen de la Ley 1123 de 2007, la versión libre constituye un mecanismo particularmente amplio para materializar el derecho de defensa.

Por tanto, existe una diferencia fundamental:

Una cosa es permitir que el investigado hable.

Otra muy diferente es convertir esa posibilidad de hablar en una obligación material de responder todo aquello que el investigador considere conveniente preguntar.

La primera situación protege la defensa.

La segunda puede acercarse peligrosamente a la autoincriminación inducida.


2. El artículo 33 de la Constitución no desaparece dentro del proceso disciplinario

El artículo 33 de la Constitución Política establece:

“Nadie podrá ser obligado a declarar contra sí mismo o contra su cónyuge, compañero permanente o parientes…”

La garantía constitucional no puede desaparecer porque el procedimiento sea denominado “disciplinario”, “administrativo sancionatorio” o porque la diligencia reciba el nombre de “versión libre”.

La jurisprudencia ha reconocido que la garantía de no autoincriminación tiene aplicación en actuaciones sancionatorias, incluido el derecho disciplinario.

De hecho, la propia Comisión Nacional de Disciplina Judicial ha recogido expresamente la doctrina constitucional según la cual una declaración de responsabilidad obtenida con violación de la garantía de no autoincriminación supone un desconocimiento directo de la Constitución.

Esto conduce a una conclusión fundamental:

La versión libre no constituye una renuncia anticipada al artículo 33 constitucional.

Por el contrario, es justamente dentro de la versión libre donde la garantía adquiere especial importancia.


3. El problema oculto: preguntar no siempre es investigar

Aquí comienza el razonamiento situacional.

Imaginemos que una autoridad disciplinaria tiene inicialmente tres elementos:

  1. una queja;
  2. algunos documentos;
  3. una hipótesis preliminar sobre la posible comisión de una falta.

Pero existe un vacío:

no sabe exactamente cómo ocurrió la conducta.

Entonces cita al investigado a versión libre.

Hasta aquí no existe necesariamente ningún problema.

El problema aparece cuando la autoridad comienza a utilizar las preguntas para llenar los vacíos de su propia investigación.

Por ejemplo:

“Explique por qué ocurrió esto.”

Después:

“¿Quién tomó esta decisión?”

Luego:

“¿Por qué usted permitió que sucediera?”

Después:

“¿Usted sabía que esto estaba ocurriendo?”

Y finalmente:

“Entonces, ¿reconoce que pudo haber actuado de manera diferente?”

La diligencia aparentemente continúa siendo una versión libre.

Pero funcionalmente puede haber ocurrido una transformación.

La autoridad ya no está simplemente permitiendo que el investigado exponga su defensa.

Está utilizando al propio investigado como fuente de información para completar la teoría del caso disciplinario.


4. La pregunta aparentemente inocente puede contener una hipótesis incriminatoria

Este fenómeno merece especial atención.

Una pregunta disciplinaria nunca debe analizarse únicamente por su contenido literal.

Debe analizarse situacionalmente.

Por ejemplo:

“¿Por qué no entregó oportunamente los documentos?”

La pregunta contiene una presuposición:

que fue el investigado quien debía entregarlos.

Pero esa circunstancia puede ser precisamente uno de los hechos que la autoridad debería demostrar.

Una pregunta diferente sería:

“Explique cuál fue su intervención respecto de los documentos mencionados en la queja.”

La segunda permite al investigado construir su propia explicación.

La primera puede imponerle como punto de partida una responsabilidad que todavía no está demostrada.

Por eso, en una defensa disciplinaria sofisticada no basta con estudiar qué preguntó el funcionario.

Hay que estudiar:

  • qué hecho presupone la pregunta;
  • qué elemento de la imputación intenta confirmar;
  • qué vacío probatorio pretende llenar;
  • qué respuesta espera obtener;
  • qué utilización posterior puede hacerse de esa respuesta.

Esto es razonamiento situacional aplicado a la prueba disciplinaria.


5. El “engaño procesal” no necesariamente consiste en una mentira

Aquí debemos ser particularmente precisos.

Cuando hablamos de un posible engaño estratégico no necesariamente estamos acusando al funcionario de mentir.

El fenómeno puede ser mucho más sofisticado.

Puede existir una asimetría funcional entre la apariencia y la finalidad de la diligencia.

La diligencia aparece ante el investigado como:

“Tiene usted la oportunidad de defenderse.”

Pero puede ser utilizada funcionalmente como:

“Necesitamos que usted nos proporcione los hechos que todavía no hemos podido demostrar.”

La diferencia es enorme.

En el primer escenario, el investigado conserva el control sobre su estrategia defensiva.

En el segundo, la autoridad puede estar utilizando el derecho de defensa como mecanismo indirecto para obtener información incriminatoria.

Por eso resulta necesario preguntar:

¿Quién controla realmente la finalidad de la diligencia?

Si la respuesta práctica es que la autoridad formula preguntas sucesivas destinadas a reconstruir los elementos faltantes de la imputación, el problema constitucional deja de ser meramente semántico.


6. La versión libre no puede convertirse en un interrogatorio disfrazado

El Consejo de Estado ha reconocido una distinción particularmente importante: la versión libre no equivale al testimonio.

En una decisión sobre materia disciplinaria se destacó que la versión libre no es un medio probatorio en sentido ordinario y que su naturaleza se explica precisamente por su carácter defensivo y por la ausencia de juramento.

También existe jurisprudencia administrativa que ha analizado situaciones en las que la declaración del investigado adquiere características distintas cuando comienza a referirse a terceros, precisamente porque ello puede aproximarla a una declaración testimonial.

La consecuencia práctica es muy importante:

La autoridad no puede utilizar la denominación “versión libre” para borrar las garantías que existen frente a una declaración potencialmente incriminatoria.

El nombre de la diligencia no determina por sí solo su naturaleza constitucional.


7. La jurisprudencia de la Comisión Nacional de Disciplina Judicial ofrece una advertencia especialmente importante

Este punto resulta particularmente relevante para los abogados investigados bajo la Ley 1123 de 2007.

En una decisión de la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, la Corporación analizó precisamente una situación en la que, durante la versión libre, el magistrado instructor formuló al abogado una pregunta relacionada con una circunstancia potencialmente incriminatoria sin realizar previamente las advertencias constitucionales correspondientes.

La Comisión recordó que cuando el disciplinado decide confesar:

  • debe hacerlo libremente;
  • debe ser consciente y voluntario;
  • debe conocer que está comprometiendo la garantía de no autoincriminación;
  • debe conocer las consecuencias de la confesión;
  • y la confesión puede ser utilizada como medio de prueba en los términos de la Ley 1123.

Esta doctrina tiene una importancia extraordinaria.

Porque revela algo que frecuentemente se pierde de vista:

No toda manifestación realizada durante una versión libre tiene el mismo tratamiento jurídico.

Hay una diferencia entre:

explicar la defensa

y

confesar la comisión de la falta.

La segunda situación activa exigencias constitucionales y legales mucho más rigurosas.


8. La versión libre puede producir un fenómeno de “autoabastecimiento probatorio”

Esta es una de las hipótesis más delicadas que debe detectar el abogado defensor.

Supongamos que la investigación comenzó con una hipótesis incompleta:

Hecho A → posible falta disciplinaria.

La autoridad todavía no sabe:

  • quién tomó la decisión;
  • quién conocía determinada circunstancia;
  • cuándo ocurrió;
  • qué información tenía el investigado;
  • cuál fue exactamente su participación.

Se cita a versión libre.

El funcionario pregunta.

El investigado responde.

Y posteriormente el expediente aparece reconstruido así:

Hecho A + respuesta del investigado + inferencias de la autoridad = responsabilidad.

El riesgo consiste en que la investigación termine siendo autorreferencial:

La autoridad obtiene del investigado información que utiliza para demostrar precisamente la hipótesis que motivó las preguntas.

Aquí aparece una pregunta crítica:

¿La autoridad probó la responsabilidad independientemente de la versión libre o la versión libre fue utilizada para construir la prueba que faltaba?

Esta pregunta debería formar parte del análisis de cualquier expediente disciplinario.


9. La carga investigativa pertenece al Estado, no al disciplinado

El disciplinado tiene derecho a defenderse.

Pero no tiene la obligación constitucional de construir la investigación que puede conducir a su propia sanción.

La presunción de inocencia constituye una garantía estructural del procedimiento disciplinario. La Corte Constitucional ha recordado que esta garantía se aplica a los procedimientos sancionatorios y que toda duda razonable debe resolverse a favor del disciplinado; incluso declaró inexequible una expresión del artículo 14 de la Ley 1952 de 2019 que alteraba ese estándar.

De ahí surge una regla metodológica:

Lo que la autoridad investigadora no ha logrado demostrar mediante sus propios medios de investigación no puede ser trasladado subrepticiamente al investigado bajo la apariencia de una oportunidad de defensa.

La defensa puede aportar pruebas.

Puede explicar.

Puede controvertir.

Puede admitir.

Puede negar.

Puede guardar silencio.

Pero no puede convertirse en una obligación de completar la teoría de la acusación.


10. El silencio no puede ser transformado en una prueba de responsabilidad

Este punto debe ser especialmente vigilado.

Si el investigado decide no rendir versión libre, esa decisión forma parte del ejercicio de su defensa.

Si decide responder parcialmente, también.

Si decide no responder una determinada pregunta porque considera que puede comprometerlo, está ejerciendo una garantía constitucional.

La autoridad no puede transformar esa decisión en un razonamiento del tipo:

“Si no explica, es porque no puede explicar.”

O:

“Su silencio resulta sospechoso.”

O:

“No pudo justificar…”

Esta última expresión es particularmente peligrosa.

Porque puede invertir silenciosamente la carga argumentativa:

el Estado debería demostrar la responsabilidad

y termina exigiendo:

el investigado debería demostrar su inocencia.

Eso es incompatible con la presunción de inocencia.


11. El momento procesal también importa

La versión libre puede producirse en distintos momentos.

Por eso no debe analizarse de manera aislada.

Hay que preguntarse:

¿Qué sabía la autoridad antes de escuchar al investigado?

¿Qué desconocía?

¿Qué preguntó?

¿Qué respondió el investigado?

¿Qué pruebas fueron decretadas después?

¿Qué nuevas líneas investigativas surgieron después de la versión?

¿La autoridad obtuvo de la versión libre los datos que posteriormente utilizó para ordenar nuevas pruebas?

Este último punto puede ser decisivo.

Porque podría existir una cadena como esta:

Versión libre → información obtenida → nueva hipótesis → nuevas pruebas → imputación.

Cuando eso sucede, la defensa debe analizar cuidadosamente la conexión entre la manifestación inicial y la actividad probatoria posterior.


12. La versión libre como “mapa de investigación”: el riesgo estratégico

Desde una perspectiva de razonamiento situacional, existe otro fenómeno todavía más sofisticado.

La autoridad puede no utilizar directamente una manifestación del investigado para sancionarlo.

Puede utilizarla para descubrir dónde buscar la prueba.

Ejemplo:

El investigado manifiesta:

“Yo no manejaba esos documentos; los tenía el área administrativa.”

La autoridad puede entonces ordenar:

  • inspección de archivos;
  • declaración de funcionarios administrativos;
  • requerimiento de correos;
  • extracción de documentos;
  • incorporación de registros;
  • entrevistas;
  • nuevas pruebas documentales.

Finalmente puede utilizar esas pruebas para formular una conclusión adversa.

Aquí surge una pregunta constitucionalmente interesante:

¿Puede utilizarse una manifestación obtenida dentro de un espacio protegido por la no autoincriminación como hoja de ruta para producir posteriormente evidencia incriminatoria?

La respuesta no puede darse automáticamente.

Debe examinarse:

  1. cómo fue obtenida la manifestación;
  2. si fue voluntaria;
  3. si hubo advertencia adecuada;
  4. si la información fue realmente autoincriminatoria;
  5. qué relación causal existe entre esa manifestación y las pruebas posteriores;
  6. si la autoridad habría llegado legítimamente a esas pruebas por una fuente independiente.

Este análisis supera la simple discusión sobre si “la versión libre es o no prueba”.


13. Una cosa es la espontaneidad y otra la ausencia de presión

La legislación y la jurisprudencia utilizan expresiones como libre, espontánea, consciente y voluntaria.

Pero estas categorías deben analizarse materialmente.

Una persona puede contestar aparentemente de manera voluntaria y, sin embargo, encontrarse sometida a una dinámica institucional que favorezca la autoincriminación.

Por ejemplo:

“Usted tiene derecho a guardar silencio, pero explíquenos entonces por qué…”

“No está obligado a responder, pero necesitamos saber…”

“Si usted no tiene nada que ocultar, puede aclararnos…”

“Queremos darle la oportunidad de explicar…”

Formalmente no existe una obligación.

Psicológica y situacionalmente, sin embargo, puede generarse presión.

Por eso la defensa debe mirar no solamente la advertencia inicial, sino la interacción completa de la diligencia.


14. La advertencia constitucional no puede convertirse en una formalidad vacía

Un funcionario puede decir:

“Usted tiene derecho a no autoincriminarse.”

Y acto seguido iniciar una cadena de preguntas diseñadas para obtener precisamente una admisión.

En ese caso la advertencia existe formalmente.

Pero la garantía podría estar siendo vaciada materialmente.

La protección constitucional no puede depender exclusivamente de la existencia de una frase ritual.

La pregunta correcta es:

¿El investigado comprendió realmente que podía no responder y que ninguna consecuencia adversa podía derivarse de esa decisión?

Y también:

¿La conducta posterior de la autoridad fue compatible con esa garantía?


15. El caso especial de los abogados investigados bajo la Ley 1123 de 2007

Este análisis adquiere especial importancia en la defensa de abogados.

La Ley 1123 de 2007 configura un régimen disciplinario particular y la Comisión Nacional de Disciplina Judicial ha desarrollado una jurisprudencia específica sobre la versión libre y la confesión.

En este ámbito, la versión libre puede aparecer en escenarios como:

  • presuntas faltas contra la dignidad profesional;
  • relaciones con clientes;
  • manejo de dinero;
  • entrega de documentos;
  • deberes profesionales;
  • actuaciones procesales;
  • relaciones con autoridades judiciales;
  • publicidad;
  • secreto profesional;
  • conflictos de intereses.

En muchos de estos casos existe una enorme cantidad de información que solamente conoce el abogado investigado.

Eso aumenta el riesgo.

Porque la autoridad puede verse tentada a pensar:

“Preguntémosle qué ocurrió.”

Pero la verdadera pregunta constitucional es:

¿La autoridad está buscando conocer la versión defensiva del abogado o está buscando obtener de él los elementos necesarios para demostrar la falta?

La diferencia debe permanecer clara durante toda la diligencia.


16. El abogado defensor debe analizar la versión libre como una escena probatoria

Esta es una metodología que considero particularmente útil.

No recomiendo estudiar una versión libre únicamente como una transcripción.

Debe estudiarse como una escena procesal.

Matriz de análisis situacional

ElementoPregunta defensiva
Estado de la investigación¿Qué había demostrado la autoridad antes de la versión?
Hipótesis¿Qué teoría tenía el despacho?
Vacíos¿Qué elementos faltaban?
Preguntas¿Qué hechos buscaban confirmar?
Presuposiciones¿Qué daba por demostrado cada pregunta?
Advertencia¿Se explicó realmente la no autoincriminación?
Respuestas¿Qué información entregó el investigado?
Reacción¿Qué hizo el funcionario inmediatamente después?
Nuevas pruebas¿Qué pruebas aparecieron posteriormente?
Causalidad¿Fueron provocadas por la versión?
Valoración¿Cómo utilizó posteriormente el despacho las manifestaciones?

Esta matriz permite descubrir algo que una lectura convencional puede ocultar:

la verdadera función que cumplió la versión libre dentro del expediente.


17. Cinco señales de alerta de una posible instrumentalización

Primera señal: preguntas que contienen la responsabilidad

“¿Por qué incumplió…?”

cuando todavía no se ha demostrado que el investigado incumplió.

Segunda señal: reconstrucción progresiva

La autoridad comienza con preguntas generales y termina buscando:

  • conocimiento;
  • intención;
  • participación;
  • dominio;
  • decisión;
  • aceptación.

Tercera señal: utilización posterior de las respuestas

La autoridad incorpora posteriormente documentos, testimonios o informes derivados de información suministrada durante la versión.

Cuarta señal: convertir una explicación en confesión

El investigado reconoce un hecho objetivo:

“Sí, recibí el documento.”

Y la autoridad transforma esa afirmación en:

“Confesó la falta.”

Esto es jurídicamente inadmisible si no existe correspondencia entre el hecho reconocido y todos los elementos estructurales de la infracción.

Quinta señal: inversión argumentativa

La decisión termina diciendo:

“El investigado no logró explicar…”

cuando la verdadera cuestión debía ser:

“¿La autoridad logró demostrar?”


18. La diferencia entre reconocer un hecho y confesar una falta

Este punto es fundamental.

No toda admisión constituye confesión de responsabilidad disciplinaria.

Un abogado puede decir:

“Sí, recibí el dinero.”

Eso acredita, en principio, un hecho.

Pero no necesariamente significa:

“Cometí una falta disciplinaria.”

Podrían existir múltiples circunstancias:

  • quién tenía la obligación de administrarlo;
  • cuál era el título jurídico;
  • qué instrucciones existían;
  • qué dependencia debía manejarlo;
  • qué plazo existía;
  • qué actuación realizó posteriormente el abogado;
  • qué conocimiento tenía;
  • cuál era su competencia;
  • si existió dolo o culpa;
  • si se produjo realmente el resultado reprochado.

Por eso una respuesta aislada no puede ser automáticamente transformada en confesión integral.

La propia jurisprudencia de la Comisión Nacional de Disciplina Judicial ha distinguido la simple versión de la confesión y ha enfatizado las condiciones de libertad, conciencia y voluntariedad requeridas para esta última.


19. El gran error defensivo: pensar que hablar siempre es mejor que callar

En la práctica disciplinaria existe una creencia peligrosa:

“Hay que aprovechar la versión libre para explicar todo.”

No necesariamente.

La versión libre es una herramienta estratégica, no una obligación narrativa.

Antes de hablar, el investigado debería conocer:

  1. cuál es exactamente la imputación;
  2. qué pruebas existen;
  3. qué hechos están acreditados;
  4. qué hechos no están acreditados;
  5. qué elementos faltan;
  6. qué preguntas puede formular la autoridad;
  7. qué información todavía desconoce el expediente;
  8. qué consecuencias puede producir una admisión.

En determinadas circunstancias, una explicación extensa puede facilitar la investigación de la autoridad.

En otras, puede ser indispensable para demostrar una hipótesis defensiva.

Por eso no existe una regla universal de:

“siempre hablar”

ni de:

“siempre guardar silencio”.

Existe una regla superior:

Hablar debe ser una decisión estratégica informada, no una respuesta automática frente a la presión institucional.


20. El “derecho a defenderse” no puede transformarse en “deber de colaborar con la acusación”

Esta es, probablemente, la tesis central de este artículo.

El disciplinado tiene derecho a:

  • ser oído;
  • explicar;
  • aportar pruebas;
  • controvertir;
  • solicitar pruebas;
  • presentar descargos;
  • recurrir;
  • alegar.

Pero el ejercicio de esas facultades no puede ser transformado en una obligación de suministrar información incriminatoria.

La Corte Constitucional ha reconocido el derecho del disciplinado a la defensa material dentro del Código General Disciplinario y ha identificado expresamente la versión libre como uno de sus derechos procesales.

Por tanto:

Defensa no significa colaboración autoincriminatoria.


21. La autoridad disciplinaria debe investigar incluso cuando el investigado guarda silencio

Este es otro punto estructural.

Si el investigado no quiere rendir versión libre, la investigación no puede quedar paralizada.

La autoridad tiene que utilizar sus competencias investigativas.

Debe buscar:

  • documentos;
  • testimonios;
  • peritajes;
  • inspecciones;
  • información institucional;
  • registros;
  • comunicaciones;
  • elementos objetivos;
  • demás medios legalmente admisibles.

La versión libre puede contribuir a la investigación en cuanto constituye una manifestación defensiva.

Pero no puede convertirse en el sustituto de la actividad probatoria estatal.


22. Una nueva lectura del principio de presunción de inocencia

La presunción de inocencia no solamente opera al final del proceso.

También condiciona la forma como se investiga.

Si el investigador parte de la premisa:

“El investigado sabe lo que ocurrió; preguntémosle para comprobarlo”,

existe el riesgo de que la investigación deje de estar orientada a verificar objetivamente una hipótesis y pase a buscar confirmaciones.

La investigación disciplinaria debe permanecer abierta a varias explicaciones posibles.

Por eso la pregunta metodológica debe ser:

¿Qué evidencia demostraría que la hipótesis de responsabilidad es incorrecta?

Si el investigador no contempla esa posibilidad, puede aparecer un sesgo de confirmación.

Y la versión libre puede convertirse en uno de los instrumentos para reforzarlo.


23. El razonamiento situacional permite detectar el sesgo de confirmación

El análisis tradicional pregunta:

¿Qué dijo el investigado?

El razonamiento situacional pregunta algo más profundo:

¿Por qué se le preguntó eso?

Y después:

¿Qué hizo la autoridad con la respuesta?

Y finalmente:

¿Qué habría ocurrido si el investigado no hubiera respondido?

Estas cuatro preguntas permiten reconstruir la arquitectura real de la investigación.

Por ejemplo:

Queja → hipótesis → versión libre → pregunta incriminatoria → respuesta → nueva prueba → conclusión de responsabilidad.

Esa cadena debe ser examinada.

Porque puede revelar que la versión libre no fue utilizada primordialmente como mecanismo de defensa sino como mecanismo de generación de nuevas fuentes probatorias.


24. Una regla práctica para la defensa disciplinaria

Propongo la siguiente regla:

Antes de responder una pregunta en versión libre, el investigado debe preguntarse si está explicando su defensa o si está proporcionando a la autoridad un elemento que ésta necesita para demostrar su hipótesis de responsabilidad.

Si ocurre lo segundo, la decisión de responder debe ser particularmente cuidadosa.

No porque el investigado tenga algo que ocultar.

Sino porque nadie está constitucionalmente obligado a producir su propia condena.


25. Conclusión: proteger la versión libre para que siga siendo una garantía

La versión libre es una de las instituciones más valiosas del derecho disciplinario colombiano.

Pero precisamente por su importancia debe ser protegida de su utilización desviada.

El problema no está en que la autoridad formule preguntas.

Tampoco en que el investigado decida responder.

El problema aparece cuando la diligencia es utilizada para superar vacíos probatorios que corresponden a la investigación estatal, inducir admisiones, reconstruir la hipótesis de responsabilidad o generar nuevas rutas probatorias a partir de información que el investigado suministró dentro de un espacio constitucionalmente protegido.

La Comisión Nacional de Disciplina Judicial ha mostrado, además, que cuando una manifestación puede constituir confesión deben observarse exigencias específicas relacionadas con la libertad, voluntariedad, conciencia y conocimiento de las consecuencias jurídicas de la decisión.

Por ello, en el proceso disciplinario colombiano debe mantenerse una frontera infranqueable:

La versión libre puede ser utilizada por el investigado para defenderse; no puede convertirse, mediante técnicas de interrogación, en un mecanismo indirecto para obligarlo a construir la prueba de su propia responsabilidad.

La pregunta definitiva para el abogado defensor no debería ser únicamente:

“¿Qué dijo mi defendido?”

Debe ser:

“¿Qué hizo la autoridad para conseguir que lo dijera, qué hecho pretendía demostrar con esa pregunta y qué hizo posteriormente con la información obtenida?”

Ahí comienza verdaderamente el análisis estratégico de la versión libre.

Y ahí también puede encontrarse una de las líneas de defensa más importantes frente a determinadas actuaciones disciplinarias.


Referencias jurisprudenciales y normativas esenciales

  • Constitución Política de Colombia, artículo 33: garantía de no autoincriminación.
  • Ley 1952 de 2019, artículo 112: derechos del disciplinado, incluida la versión libre.
  • Ley 1952 de 2019: debido proceso, defensa material y presunción de inocencia.
  • Ley 1123 de 2007: régimen disciplinario de los abogados.
  • Corte Constitucional, Sentencia C-029 de 2021: derechos del disciplinado y alcance de la versión libre dentro del sistema disciplinario.
  • Comisión Nacional de Disciplina Judicial: doctrina sobre versión libre como garantía de defensa.
  • Comisión Nacional de Disciplina Judicial, Rad. 500011102000201900396 01: límites constitucionales de la confesión y obligación de garantizar la no autoincriminación.
  • Consejo de Estado: doctrina sobre la naturaleza de la versión libre como instrumento de defensa y su diferencia frente al testimonio.

Autor: Jhon Fernando Robledo Vargas
Robledo Vargas Abogados — Derecho Disciplinario y Defensa de Abogados en Colombia

Robledo Vargas Abogados

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